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LOS PACIENTES GRAVES

Edificios S ABÍA usted que los edificios no sólo enferman sino que son capaces de transmitir enfermedad? El ejemplo reciente de esta aseveración lo hemos visto reflejado en el último brote de legionella cuyo reservorio se hallaba en los circuitos de aire acondicionado y en la tuberías de agua caliente. También los materiales de amianto utilizados hace años como aislantes frente al frío y ruidos, fueron los responsables de una enfermedad pulmonar conocida como asbestosis (parecida en sus efectos a la silicosis de los mineros) que condujo a su veto en la construcción, junto a uralita y otros derivados, para evitar males humanos. Lo más común es que las casas sufran los efectos del envejecimiento por deterioro de sus elementos estructurales tal y como le ocurre al esqueleto humano. La madera de las vigas se apolilla; las ratas y cucarachas dañan las paredes; el hielo dilata y agranda las grietas, y si no se reparan las goteras termina hundiendo toda la edificación. Ocurre que, si bien el cuidado general debe incumbir a todos los inmuebles, tanto públicos como privados, hay monumentos emblemáticos que requieren una especial atención de nuestros ediles. Sería inconcebible ver caerse a trozos la Magdalena o la torre de la catedral, pero sin embargo no debe merecer tanto respeto, por lo que parece, la torre Monreal. Hace unos días, paseando por esa zona recóndita de la ciudad, di un rodeo a la monumental pieza mudejar y reconocí el balconcillo ausente de la orientación noroeste. Un amplio hueco en el lugar donde debía lucir el ladrillo apenas rasgado por unas pocas arpilleras daba paso a palomas y dejaba al descubierto las vigas radiales de madera. El entorno se encuentra bastante cuidado, pero no así las paredes ni el interior de la construcción. Lástima que una pieza tan valiosa del siglo XIII, tan representativa y simbólica de nuestra ciudad, se halle enferma cuando restaurarl a costaría menos que el precio de una rotonda. Prevenir es curar y si no lo curamos a tiempo le sobrevendrá la ruina. A NUESTRA SALUD JOSÉ MANUEL CENZANO Diario de Navarra 04/01/20001